Santo Domingo de Oaxaca: del oro a lo sagrado

En artículos anteriores hemos hablado de las órdenes religiosas que llegaron a Oaxaca, y especialmente de los conventos dominicos que no te puedes perder cuando visites este hermoso lugar. Este último texto contiene una lista encabezada por la bellísima Iglesia de Santo Domingo que se ubica en la capital del estado.     

Si has tenido la oportunidad de visitarla, sabrás que no mentimos al decir que se trata de una magnífica obra arquitectónica. Su fachada adorna armoniosamente la vista del corredor turístico Macedonio Alcalá; y su interior nos deslumbra con su decoración estilo barroco y coronada con laminillas de oro. 

Pero, por si no la conoces, o si en tu visita se te ha pasado algún detalle, te traemos un recorrido al puro estilo de Quixe; es decir, contándote las cosas que no sabías de la bella Iglesia de Santo Domingo de Oaxaca.

Un poco de historia

Como ya sabemos, los frailes dominicos llegaron a la Villa de Antequera -hoy Oaxaca- bajo la consigna de evangelizar a los nativos de estas tierras. Fue así como en 1575 comenzó la construcción del templo y el convento, y se inauguró en 1608, cuando aún no estaba concluida su construcción. 

El enorme predio era, con anterioridad, la sede de la Provincia de San Hipólito Mártir, a las faldas del Cerro del Fortín. Inicialmente, su construcción fue dirigida por Fray Hernando Cabarcos, pero la obra, tal y como la conocemos ahora, es el resultado de un largo proceso de restauración que se llevó a cabo entre 1994 y 1998. Este fue necesario, ya que durante el siglo XIX, y gran parte del XX, el recinto fue expropiado por el gobierno y utilizado como cuartel militar, deteriorándolo -por el inadecuado uso y falta de cuidado.

Aunque en un principio la iglesia y el convento formaban una misma unidad, nos centraremos en la innegable belleza del templo, ya que el actual Museo de las Culturas merece que se le dedique un artículo completo en una próxima ocasión.

Una total obra de arte

Desde la entrada al monumento podemos asombrarnos por la fachada de impresionante altura, tallada en cantera verde oaxaqueña, que data del siglo XVII. Sólo con verla notamos la influencia del estilo barroco, mismo que domina también el interior del inmueble.

Si al momento de ingresar miramos hacia arriba, podremos encontrar la obra en yeso policromado conocida como El árbol de Jessé, donde se encuentran figuras claves en la conformación de la Orden de Predicadores -nombre oficial de los dominicos.

Por arriba de la entrada se encuentra el coro, de prominentes dimensiones, con su hermosa cúpula; su división característica nos recuerda a los gajos de una mandarina. En cada uno de ellos podemos mirar relieves de dominicos emblemáticos enmarcados por óvalos. Las figuras de la parte de abajo muestran casi la totalidad de su cuerpo, mientras que las de arriba, únicamente la cabeza. 

El oro hecho iglesia

Quien no se haya asombrado por el oro de Santo Domingo no visitó Santo Domingo.

Y es que su decoración barroca, llena de molduras, yeserías y retablos, está casi completamente recubierta de oro. Se trata de delgadas laminillas de este precioso metal que fueron adheridas a los diferentes materiales de los adornos.

Es imposible no sorprenderse al ver la composición de tonalidades doradas que nos ofrece el interior de tan magnífico monumento. Hemos de recordar que cuando se construyó -en la época colonial-, una de sus principales funciones era comunicar la majestuosidad de Dios a los indios naturales de estas tierras; pero los frailes, al no hablar el mismo idioma que ellos, encontraron la forma de hacerlo mediante la decoración de su arquitectura.  

¿La joya de la corona? 

Normalmente, se nombra como “la joya de la corona” al atractivo principal de un inmueble, pero en Santo Domingo cada retablo, capilla y bóveda cuentan una belleza inigualable. Por eso, sólo podemos hacer mención de algunos de ellos, catalogando su hermosura por igual.

Al fondo permanece el retablo del altar principal, mismo que fue restaurado a partir de 1956. Resalta al centro, entre las múltiples figuras, la de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden, y, por encima de él, la de san Francisco de Asís, hermano espiritual de Domingo y fundador de los franciscanos.   

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No podemos dejar de mencionar la Capilla de la Virgen del Rosario, así como las laterales que no escatiman en decoraciones recubiertas en oro, y ni hablar de todo el ornamento que recubre la bóveda de cañón; para admirarla basta con mirar hacia arriba.  

No te la puedes perder

La experiencia de visitar esta joya de la arquitectura colonial es simplemente incomparable. Además, puedes aprovechar para visitar el Museo de las Culturas de Oaxaca -ubicado en el antiguo convento- y ver su jardín etnobotánico con plantas oriundas de esta tierra tan asombrosa.

En Quixe no podemos dejar de maravillarnos con la belleza de este monumento. Y creemos que, si como decía Arthur Shopenhauer:

la arquitectura es música congelada

Santo Domingo de Oaxaca sería una tremenda sinfonía, que indudablemente sigue comunicando a los hombres con Dios

 

Antes de irte a visar la Iglesia de Santo Domingo, échale un vistazo a: La Basílica de la Soledad en Oaxaca: una joya barroca

Fotografías: Carlos Bustamante

Para saber más…
Sitio Oficial del Museo de las Culturas de Oaxaca/Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán.
Museo de las Culturas de Oaxaca, Centro. INAH-Oaxaca (2016, sept, 16) Formas en el Tiempo: Ex convento de Santo Domingo de Guzmán [Archivo de Video]. 

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