OAXACA HECHA DE LEYENDAS

Pamela Flores

 

En una ocasión, mientras recorría el centro de Oaxaca con una amiga, ella me preguntó si alguna vez había pensado que la ciudad podría ser caminada de otra manera. ¿En qué sentido?, le pregunté. Imagina que buscas una dirección y en lugar de que te digan el nombre de una calle, te dicen el de una historia del lugar. Por ejemplo, continuó, ahora que estamos entre Marcos Pérez y García Vigil, donde terminan los arquitos del antiguo acueducto de San Felipe, supón que te dijeran: “en el lugar en el que inicia el camino al cerro de San Felipe, el cerro que podría inundar Oaxaca si un día se rompe”. Su propuesta me pareció interesante, pues jamás había pensado siquiera que las ciudades, que Oaxaca pudiera concebirse de una manera distinta. Ahora imagina, añadió mi amiga, que al pasar por los arcos nos trasladáramos a un tiempo alterno, ése en el que las historias organizan los lugares. Y al llegar ahí, mi amiga y yo pasamos por debajo de los arcos…

¿Qué tal si ahora hacemos un ejercicio similar y nos trasladamos a las historias más conocidas de Oaxaca y así nos imaginamos que vivimos en ese tiempo y espacio paralelos, el de los relatos?

La princesa Donají  

Nos encontramos con una de las historias más conocidas entre los oaxaqueños, pues además de que la imagen de Donají aparece en el escudo de Oaxaca, su leyenda se representa cada año durante la tradicional Guelaguetza. Cuentan que durante un enfrentamiento entre mixtecos y zapotecos, surgió el amor entre la princesa zapoteca Donají y el príncipe mixteco Nucano, luego de que él fuera tomado como prisionero y ella lo rescatara. Cuando los dos pueblos pactaron la paz, los mixtecos exigieron llevarse con ellos a la princesa como garantía de paz; pero lo que en realidad planeaban era una emboscada. Al enterarse Donají, de inmediato avisó a su gente; y como venganza, los mixtecos la mataron y arrojaron su cuerpo al río Atoyac. Tiempo después, en sus aguas, un campesino encontró un bellísimo lirio que quiso arrancar, pero se dio cuenta de que estaba unido a una cabeza, la de la princesa Donají, que parecía haberse quedado dormida. Dice la historia que sus restos fueron finalmente sepultados en Cuilapan.

Las leyendas sobre el viejo de agua

Uno de los árboles más antiguos de Oaxaca es el ahuehuete, conocido como El Tule. Una historia dice que este árbol fue plantado por Pechocha, sacerdote de Ehécatl. Pero otra cuenta que en realidad el viejo árbol es el bastón del Rey Condoy, que cuando fue a construir la inconclusa ciudad de Mitla, se detuvo a descansar donde ahora está el sabino y ahí dejó su bastón, éste comenzó a retoñar y se convirtió en el famoso ahuehuete que ahora es tan concurrido. 

La poza encantada

Se encuentra en el río que baja de San Felipe y surte de agua a la ciudad. La leyenda cuenta que hace tiempo una joven mujer fue a bañarse a la poza de la parte alta del río con una jícara roja; luego, nadie la volvió a ver. Después de un tiempo, la chica comenzó a aparecer durante el mediodía con la misma vasija roja, pero ahora con cola de pescado. Las personas comentan que cuando una persona va a la poza a esa hora y se encuentra con ella, muy probablemente morirá ahogado.

De vuelta a nuestro tiempo, otra vez en los arquitos

Los arquitos de Oaxaca son las ruinas del antiguo acueducto, que se construyó durante la colonia para llevar agua desde las montañas hasta el centro de la ciudad. Éste baja desde el cerro de San Felipe, sí, el mismo que la gente teme que un día se resquebraje y provoque una gran inundación

Las historias sobre San Felipe y sobre Oaxaca son varias; y como te decía, pueden modificar la forma en que concebimos la ciudad. Si quieres saber más detalles sobre estas leyendas oaxaqueñas y sobre cómo mi amiga, Harmida Rubio, miró Oaxaca, échale un vistazo a esta liga: 

http://zaloamati.azc.uam.mx/bitstream/handle/11191/5922/La_ciudad_de_los_relatos_Rubio_Gutierrez_Harmida_2016.pdf?sequence=1

 

Fotografía: Janet Aquino 

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