Siete pinturas de Rufino Tamayo que debes conocer

Caminando por las calles y mercados del centro de Oaxaca te habrás percatado de que los colores vivos son esenciales en esta bella ciudad; y que de no ser por ellos nuestra experiencia al visitarla sería completamente diferente. Las pinturas famosas de Rufino Tamayo llevaron esta afirmación a su máximo nivel plasmando en sus obras los tonos y la alegría de la tierra que lo vio nacer.

Si checaste nuestro artículo sobre los Cinco pintores oaxaqueños que deberías conocer, recordarás que Tamayo es un artista importantísimo en Oaxaca, en México y en el mundo. Por eso, su obra no se puede resumir en dos parrafitos y nos ha hecho traerte siete de sus obras más famosas (y unas cuantas más). Sin más, prepárate para quedar cautivado con uno de los pinceles oaxaqueños más talentosos del siglo pasado.

Naturaleza, cotidianidad llena de color

Perro de luna

Comenzaremos con una de sus pinturas más famosas: Perro de luna. La litografía de 1972 lo representa de perfil, con el hocico abierto y dirigiendo la mirada hacia la luna. Su color azul profundo, que predomina en el fondo, nos transporta a la noche oscura donde se encuentra el animal, probablemente a solas. Esta obra no debe de confundirse con Perro ladrando a la luna (1988), pues, aunque sus tonalidades son parecidas, con un poco de atención pueden reconocerse fácilmente sus diferencias. 

Sandías

Si existe un fruto icónico de la vastísima obra de Tamayo es la sandía, pues cuenta con una amplia serie de pinturas donde la representa de múltiples maneras. Una de estas últimas es la de 1980 y está realizada en óleo y arena de mármol sobre lienzo. En esta obra podemos apreciar los tonos rojos y rosas encendidos, tal y como lo podríamos encontrar en el Mercado de Artesanías. Otras representaciones de sandías son la de 1968 y la #1 de 1969

El universo, lo indescriptible de la inmensidad 

El hombre ante el infinito

Este maravilloso óleo sobre tela de 1950 se encuentra en Bélgica. En él vemos a un hombre parado, con un bastón en la mano, mirando serenamente hacia el cielo. Este personaje nos contagia de su asombro al contemplar el infinito. En la Ciudad de México existe otra pintura de nuestro autor con el mismo nombre, aunque la intención aparenta ser similar, la obra es diferente y data de 1971. Para nuestra buena suerte la podemos apreciar en la recepción del hotel Camino Real de Polanco.

El universo

Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que se trata de una de las obras más sorprendentes del talentoso pintor. El vitral (1982) de enormes dimensiones (8 x 6.8 m) sorprendió por décadas a los visitantes del Planetario Alfa en Monterrey. La luz que pasaba a través de esta hermosa obra de arte daba la sensación de adentrar al espectador a ese universo inmenso y deslumbrante. Lamentablemente el planetario se quemó en el 2017, pero el vitral, que por fortuna no resultó afectado, se trasladó a las oficinas del Corporativo Alfa, muy cerca de su antigua ubicación.

Retratos, recuerdos congelados

Autorretrato

Esta obra iniciada en 1946 y concluida veintiún años después es del tamaño de una persona. Se encuentra elaborada en óleo sobre tela y actualmente reside en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. En ella Tamayo se retrata a sí mismo de una forma abstracta, pero resaltando su piel morena y la ropa de colores claros con la que solía trabajar en su taller. Al fondo se puede apreciar la figura de una mujer, probablemente nuestra siguiente protagonista.

Retrato de Olga

Olga Flores Rivas fue la compañera del artista por casi sesenta años; su figura estuvo tan vinculada a la de su esposo que se le reconoce con el nombre de Olga Tamayo y por la alta influencia que tuvo en la vida del pintor se le puede apreciar en aproximadamente veinte cuadros. Este, de 1964, la representa sentada, cubierta con un rebozo y con el cabello recogido; no podía faltar en el fondo una representativa rebanada de sandía. Actualmente la obra se encuentra en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo, ubicado frente a la primera sección del Bosque de Chapultepec. 

Historia, un acercamiento a otros mundos

Dualidad

Aunque breve, estas pinturas famosas de Tamayo nos han ofrecido un riquísimo recorrido; sin embargo, no podíamos cerrar sin conocer el grandioso mural que lo ha posicionado en la cima del mundo. Se le conoce como Dualidad. La magnífica creación presenta una interpretación sobre la cosmogonía náhuatl, es decir, la visión del mundo que tenían los antiguos pobladores de nuestras tierras. Esta obra se encuentra en el auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología y nos dirige hacia un universo de opuestos: el día y la noche, el bien y el mal. Frente a nuestros ojos podemos observar una encarnizada batalla entre el benéfico Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, y el terrible Tezcatlipoca, el jaguar y señor de las dificultades. 

 

Como te habrás dado cuenta sería imposible abarcar toda la obra de Tamayo, su incontable producción, sus colores y la variedad de sus temas hacen de este pintor un caso excepcional. Así es como el talento de este artista Oaxaqueño ha trascendido fronteras y ha trazado una ruta disruptiva que cambió la manera de hacer arte en México.

 

Foto de portada: Cuarto Obscuro/ Mural en Bellas Artes

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