ALEJANDRO ECHEVERRÍA: SUTURAS SOBRE LOS MUROS

 

Raúl Villaseñor

Las paredes de esta ciudad han sido testigos de numerosas expresiones sociales, artísticas, políticas y personales. Vivir en Oaxaca es como habitar en una galería gigante donde los mensajes, las imágenes y algunas otras cosas se entrecruzan y conviven en cada pared, en cada esquina.

Fotógrafo de lo desapercibido

Alejandro Echeverría, desde hace 25 años, ha convertido el registro de lo que pasa en los muros de esta ciudad en su obsesión personal. Su mirada repara que lo que se encuentra en las calles no solamente son expresiones de personas y grupos, sino testimonios visuales de un tiempo concreto que, por su naturaleza efímera, vale la pena documentar.

Con gran paciencia y metodología ha fotografiado diferentes formas de hablar que han tomado las paredes de la ciudad, y su evolución. Para quienes hemos vivido mucho tiempo aquí, este fenómeno se integra a nuestra cotidianidad, al grado de volverse parte del paisaje, del día a día. Sin embargo, en los muros de Oaxaca se ha plasmado buena parte del sentir popular, de la otra memoria de la cultura visual, y de las peculiaridades que se crean por la interacción de los individuos alrededor de la lucha por el espacio público.

Por otro lado, Echeverría reconoce en su obra la ausencia de las personas como motivos; en ese sentido, se podría decir que retrata de manera indirecta la existencia de la gente, a través de los rastros que dejan sus acciones. Esta memoria “no oficial”, ampliada, recalca el criterio personal en la selección y registro de su obra, y resalta que la memoria es, ante todo, un proceso de selección.

Espacio y memoria

El 20 de agosto se inauguró, en Córdoba Lab, su más reciente exposición «Tetralogía». El término se refiere al conjunto de cuatro obras -de un mismo autor-, compuesta por tres tragedias y un drama satírico, que tienen, entre sí, unidad argumental. Pero, en este caso, no se trata de obras escritas sino visuales, donde el color es el canal que guía toda la experiencia.

En las tres primeras obras, cada una interactúa con un color primario -amarillo, rojo y azul-; una cuarta sirve como contrapunto de las anteriores y pertenece a la serie “Paisajes de confinamiento”, fotografías de una pared donde el blanco y negro conviven caóticamente; toda esta obra nos remite a las composiciones abstractas de la pintura expresionista.

Para esta exposición, Echeverría, en conjunto con el curador Alejandro Castellanos, desarrolló el concepto alrededor de la memoria del espacio de la antigua cámara de refrigeración de carnes, utilizando los rieles -donde se colgaba el producto- como dispositivos para colgar la obra, en alusión a su uso anterior.

Desde ese punto de vista, es interesante cómo la obra de Echeverría es un registro de la memoria; pero no es el registro por el registro, sino la intención de crear una narrativa que le dé sentido al fenómeno de la misma. No recordamos por recordar, sino por un motivo que nos sirve y se articula por una razón.

En estos 25 años de carrera, Alejandro Echeverría ha pasado de lo análogo a lo digital. Su obra, al ser producto de un medio tecnológico, ha vivido esta evolución. Afortunadamente, el núcleo central de la misma se ha mantenido intacto, aunque las nuevas posibilidades que ofrecen los programas de edición digital y postproducción abren una ventana hacia una nueva comunicación de sus reflexiones. Mientras la esencia siga ahí, la memoria de los muros permanecerá intacta.

La exposición «Tetralogía» se exhibe en Córdoba Lab, desde el 20 de agosto y estará en sala hasta el 09 de octubre. Visítala en calle 5 de mayo 217-A, barrio de Jalatlaco, Oaxaca. Para más información sobre la exposición, visita el instagram del autor (@cordoba_lab).

Para más información sobre el artista:

https://alejandroecheverriafotograf-blog.tumblr.com/

Ig: @alejandro.echeverria

 

Fotografías: Alejandro Echeverria

Alejandro Echeverría 
Artista visual nacido en Oaxaca, se interesa por los muros, especialmente de los de Oaxaca y de la Ciudad de México.  En el sentido de que -cubiertos como están, de señales, grafitis, inscripciones, tachaduras, que intentan regresar al estado original, y que luego se revisten de nuevas señales, en un constante alternar de heridas y cicatrices- se vuelven testimonios de historias, de fragmentos existenciales, y sobre todo de huellas visuales que pueden cautivar la mirada de un artista capaz de leer en ellas otros significados, más allá de simples trazos más o menos ocasionales. 
Alejandro fotografía los detalles de estas paredes, no los altera de ninguna forma con intervenciones digitales; confía únicamente en el cuadro de la cámara y en su capacidad de enmarcar las señales correctas, extrayéndolas del contexto al cual pertenecen, para transformarlas en una imagen autónoma que evoca identidades específicamente artísticas.
(Semblanza realizada por Maria Campitelli).

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