25 años del Genocidio en Ruanda: ¿quién escribe nuestra historia?

Redacción VRS

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Memorial del Genocidio en Ruanda.

Hoy, 7 de abril, se conmemoran dos efemérides importantes: el Día Mundial de la Salud, y otra fecha que se opone categóricamente a una salud en términos de civilidad y civilización: el Genocidio en Ruanda. Del 7 de abril al 15 de julio de 1994, se llevó a cabo uno de los genocidios que ha sido reconocido y procesado mediante la Corte Penal Internacional (CPI), y que, en tan solo 100 días,  se exterminó a un 75% de la población originaria tutsi, denominada históricamente por su origen étnico en la región ruandesa previa a la colonización europea. Ante la tragedia, que tuvo un estimado de 800 mil víctimas, se creó el Tribunal Penal Internacional para Ruanda (TPIR) en 1995 para realizar un proceso de juicios y actos de reconciliación entre víctimas y victimarios.En 2015, la TPIR concluyó su misión con 61 condenas, y son un registro de 8 fugitivos acusados de genocidio por dicho tribunal.

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Antecedentes: la manipulación histórica de un pueblo colonizado

El origen del genocidio tuvo lugar por los antecedentes histórico-ideológicos que la población adoptó de la perspectiva colonial. En Ruanda, existían tres etnias: tutsis -la élite política y religiosa, hutus y twas -apenas el 2%-. A inicios del siglo XX, cuando los belgas se adueñaron del territorio previamente conquistado por los alemanes, demarcaron los roles sociales de cada una de las etnias, explicando por medio del mito camítico y de la ejecución de medidas eugenésicas que la población tutsi era superior porque, «racialmente», eran más cercanos a los blancos que los hutus, y eso les dotaba de una superioridad biológica, según Marta (Subiñas Abad, 2013, p. 301). Cabe resaltar que existía una flexibilidad de movilización social entre tales etnias antes de la llegada europea.

El periodo colonial tuvo una importancia clave para el desarrollo de los acontecimientos posteriores, entre ellos la tragedia genocida de 1994. […] tanto alemanes como belgas crearon un sistema de gobierno indirecto sobre la base del llamado mito camítico […] se interpretaba que existía una raza superior, caucásica, más civilizada y, en consecuencia, más cercana a los europeos, que procedente del noreste de África (Etiopía) había llegado en sucesivas migraciones a las montañas de Ruanda […] Gracias a su superioridad, este grupo -denominado tutsi- había conseguido dominar a los habitantes de la región, los hutus y los pigmeos twas, ambos inferiores y salvajes. […] Tal forma de gobierno implicaba la exclusión de hutus y twas de los puestos de poder, de la administración, del acceso a la educación y de la participación en la economía colonial (Subiñas, 2013, pp. 301-302).

Esta construcción narrativa que manipuló la historia de Ruanda permitió dividir a la población para lograr su colonización. Sin embargo, para la década de los cincuenta y sesenta, los tutsis se sumaron al movimiento de independencias -como Ghana en 1957 y Guinea en 1958- para desterrar al imperio belga. Ante ello, los colonos, con el apoyo de la Iglesia Católica, creó una nueva élite de poder, quitando a los tutsis y elevando a los hutus. A partir de ese entonces, hutus y tutsis crearon partidos para promover la independencia de Bélgica. Durante estas décadas, en vez de dejar atrás las separaciones étnicas inventadas por los colonos y deslegitimar el supuesto mito camítico, se intensificaron y politizaron las categorías hutu y tutsi, trayendo como consecuencia miles de asesinados tutsis previo al episodio de genocidio. Cita Subiñas que Mahmud Mandami señala una falta de superación de la herencia política colonial en este periodo:

En lugar de dejar atrás las identidades políticas que alemanes y belgas crearon sobre la base del mito camítico, las reforzaron. Es decir, fracasaron en reconocer que el colonialismo no sólo fue un sistema político que expropió y explotó el pueblo de los banyaruanda, sino que también envenenó la vida ruandesa politizando la indigeneidad. (Mamdani, 2002, p. 500)

Es decir, décadas de alimentación al resentimiento político e identitario fueron aquellas que condujeron a la exploción genocida de 1994. De la década de los setenta a los noventa, tal odio fue promovido intensamente por el gobierno hutu  de Juvenal Habyrimana, a través de todos los medios de comunicación de manera propagandística contra los tutsis. Subiñas recupera de Mamdani que el gobierno de Habyrimana redefinió a los tutsis como un grupo étnico, una minoría considerada como una ciudadanía «de segunda.» En la década de los noventa, un grupo político conformado por tutsis que habían huido a Uganda buscaba reubicar a los refugiados en Ruanda y establecer un gobierno más democrático. Este es el Frente Patriótico Ruandés. A partir de entonces, surgió una guerra civil por motivos políticos, y dentro de este suceso aconteció el genocidio.

100 días de masacre tutsi

El 6 de abril de 1994, se reportó en los medios el asesinato de Habyrimana ocasionado por un accidente aéreo. Inmediatamente, los medios de comunicación divulgaron la noticia inconsistente de que los tutsis fueron quienes asesinaron al presidente, convocando a la población a levantarse en armas para exterminarlos.

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Interahamwe en Ruanda.

El paramilitarismo se activó, siendo los Interahamwe un grupo con activa participación en este genocidio. Como comenta el inicio del artículo, las víctimas sumaron 800 mil muertes; no obstante, mujeres sobrevivientes sufrieron violaciones y otros miles de ruandeses se desplazaron a los países circunvecinos como refugiados.

Uno de los miembros procesados, perteneciente a los Interahamwe, aclaraba que: “Organizábamos mítines en que explicábamos a los vecinos que los tutsis eran cucarachas, que querían matarnos. El gobierno nos obligaba a mentalizar a la población. Y acabas creyéndote que de verdad debes matarlos”.

¿Quién crea nuestra historia?

Algunos dicen que la historia la escriben los que triunfan, otros dicen que la historia debe ser reescrita por los vencidos. Lo cierto es que debemos preguntarnos qué papel tiene la historia, y cómo una reconstrucción narrativa de ella puede ocasionar asperezas que culminan en una tragedia. Milan Kundera dice que la Historia a secas es una fuerza que no pertenece al hombre, sino que se encuentra por encima de él. La Historia tiene un carácter impersonal, a diferencia de la historia de un arte o literatura (Kundera, 1994, p.25).  Con ello, debemos pensar si aquellas historias reconstruidas por los seres humanos, sean pertenecientes a la académica histórica o a la política, realmente están reconstruyendo la historia. ¿La historia de los ruandeses construida con base en el odio hutu-tutsi es impersonal?

Bibliografía

Kundera, M. (2009). Los testamentos traicionados (Primera ed.). (B. d. Moura, Trad.) Ciudad de México: Tusquets Editores México.

Subiñas Abad, M. (2013). El genocidio de Ruanda (1994). En J. Dayán, J. A. Guevara Bermúdez, & A. Nava Cortez (Ed.), Genocidio (págs. 297-399). Ciudad de México: Museo Memoria y Tolerancia, Instituto Nacional de Ciencias Penales, Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

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