Cosmogonía y cosmología de los antiguos mayas

Por Ethan Buendía

Fotografía: Carlos Bustamante

Las principales narraciones de las primeras civilizaciones son relatos míticos. Gracias a ellos, los antiguos pueblos explicaron su mundo y el lugar que les correspondía dentro de él. En esta ocasión, nos adentraremos en las creencias de la civilización maya, a través de las cuales explicaban el orden natural de las cosas, el movimiento de los astros, los ciclos de vida y muerte, y el origen del mundo.

Seguramente, alguna vez, te has preguntado cuál es el origen del mundo. Esta cuestión ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad. En los albores de la civilización, el inicio del cosmos fue un evento que se asociaba a la intervención directa de un dios creador y a la participación de energías y seres extraordinarios. Así, pues, aquí exploraremos una de las mitologías más complejas que ha existido: la del pueblo maya prehispánico.

Árboles, reptiles y colores: la estructura del universo maya

Piña-Investigación-Ethan A. Buendía Sánchéz-Figura 1. a) Monstruo Celeste en la Estela 25 de Piedras Negras, Guatemala, _ b) Monstruo Terrestre en el Altar D de Copán, Honduras,
Figura 1

Las imágenes plasmadas en cerámica, códices y arquitectura, nos brindan una idea de cómo el pueblo maya identificó el cielo y la tierra. Ambos espacios fueron concebidos como entidades sobrenaturales, las cuales mezclaban características de diversos animales -el cuerpo corresponde al de un cocodrilo, mientras que las orejas, pezuñas y astas son de venado. Por ejemplo, la bóveda celeste fue imaginada como un cocodrilo-venado del cual pendían las estrellas (Figura 1). Su contraparte, la tierra, tenía elementos pétreos y vegetales (Figura 2). De hecho, estas imágenes tuvieron una larga existencia, al menos desde el periodo Preclásico Tardío (400 a. C.-200 d. C.) hasta el Posclásico Tardío (1300-1500 d. C.).

Piña-Investigación-Ethan A. Buendía Sánchez-Figura 2. Vasija K1892. Tomado de httpresearch.mayavase
Figura 2

Otra manera en la que los mayas imaginaron la superficie terrestre fue como “una gran tortuga que flotaba sobre las aguas del abismo; la cima de su caparazón representaba la montaña hendida donde renació el Dios del Maíz”. (Velásquez García, 2010, p. 169) (Figura 3)

Sin embargo, no hemos dado respuesta a nuestra pregunta clave: ¿cómo fue creado el mundo para los antiguos mayas? Afortunadamente, la escritura maya contiene algunas menciones en torno a este tema. Por ejemplo, la Plataforma Jeroglífica del Templo XIX de Palenque, Chiapas, narra la decapitación de un cocodrilo o caimán con estrellas y atributos de venado (Velásquez García, 2006), evento que permitió crear el mundo.

Piña-Investigación-Ethan A. Buendía Sánchez-Figura 3. Cosmograma de las páginas 75 y 76 del Códice Madrid. Tomado de httpwww.famsi.orgspanishmayawritingcodi
Figura 3

Ahora bien, ¿cómo estaba organizado el mundo? Gracias a las imágenes plasmadas en los códices posclásicos y a diversas fuentes coloniales, sabemos que cinco fueron los rumbos considerados por los mayas: norte, sur, este, oeste y centro. En cada uno se encontraba un árbol sagrado con un ave celeste posada en su cima. La descripción más completa de la estructura cósmica la encontramos en el Chilam Balam de Chumayel documento del siglo XVII descendiente de la tradición prehispánica de registrar eventos mitológicos y almanaques adivinatorios. Así, pues, al oriente le correspondían el color rojo y la ceiba roja; al norte encontramos el color blanco y la ceiba blanca; el poniente tenía un color negro y la ceiba negra; el sur era de color amarillo y su árbol fue la ceiba amarilla. (Pérez; 2008)

Por otro lado, en cada uno de los rumbos del universo se encontraban los llamados Bacabes, deidades ancianas que separaban el cielo de la tierra. Al respecto, Fray Diego de Landa (ca. 1566), Obispo de la arquidiócesis de Yucatán entre 1572 y 1579 nos informa que: “decían también [los mayas] de estos bacabes que escaparon cuando el mundo fue destruido por el diluvio”. (p. 62)

Piña-Investigación-Ethan A. Buendía Sánchez-Figura 4. Lado este de la Estela C de Quiriguá, Guatemala, (dibujo de Mathew Looper).
Figura 4

Sin lugar a dudas, uno de los documentos que mejor información nos brinda sobre los rumbos cósmicos es el Códice Madrid, del Posclásico Tardío (1200 d. C.-1500 d. C.). En las páginas 75 y 76 (Figura 4) encontramos un cosmograma con los cinco rumbos del universo: este (abajo), oeste (arriba), norte (derecha), sur (izquierda) y centro. Además, cada uno de ellos está marcado por un augurio favorable o desfavorable para los seres humanos.

Pero, ¿por qué la división del mundo en cinco rumbos? Una rápida mirada a los pueblos mayas actuales nos puede ayudar a comprender la estructura cósmica. Para ellos, el cosmos es una casa de cuatro lados; en cada uno de ellos se coloca un poste que representa los árboles cósmicos. Al centro se coloca un fogón constituido por tres piedras, en torno al cual se desarrolla la vida del hogar. Entre los antiguos mayas, y entre los actuales, las tres piedras del fogón pueden representarse en el lomo de la tortuga terrestre, denotando el pivote central del mundo. (Taube, Saturno, Stuart & Hurst, 2010).

La aparición del gran fogón

Uno de los hechos que más sorprende a los investigadores es la complejidad y precisión del calendario desarrollado por los mayas. Esta herramienta les permitió fechar eventos mítico-históricos. Al igual que nosotros tenemos una fecha pivotal -el nacimiento de Cristo. la cual nos permite ubicar eventos antes o después de este acontecimiento, los mayas también establecieron una fecha era.

El tiempo era medido a partir de la Cuenta Larga, mecanismo que permitía “calcular el número de días transcurridos a partir de una fecha era, es decir, desde el momento de la última creación del cosmos”. (Pallán Gayol, 2012, p. 25). Así, pues, el inicio del mundo se remontaba a un pasado profundo, establecido alrededor del 3114 a. C. en la Estela C de Quiriguá, Guatemala.

Piña-Investigación-Ethan A. Buendía Sánchez-Figura 5. Vasija de los Siete Dioses (K2796). Tomado de httpresearch.mayavase.comkerrmaya_hires.phpvase=2796.
Figura 5

En dicho monumento, el origen del cosmos es simbolizado por la colocación de tres tronos. Este evento es mencionado como iuhti jalaj k’o’b‘, ‘y entonces se apareció el fogón’. Y no sólo la escritura nos da pistas sobre el origen del cosmos, sino también la iconografía, Por ejemplo, una pieza cerámica, conocida como la ‘Vasija de los Siete Dioses’ (Figura 5) muestra una escena previa a la creación del mundo donde una serie de dioses se disponen a dar forma al universo.

Eras de destrucción, eras de creación

Lo que hace sumamente llamativa a la mitología de los mayas, y de las culturas mesoamericanas en general, son sus creencias de eras de creación y de destrucción cósmicas. Entre los mayas coloniales, por ejemplo, contamos con versiones de estos acontecimientos relatados en el Popol Vuh y el Chilam Balam de Chumayel. En el primero narra la existencia de tres eras anteriores a las del ser humano actual —cada una de éstas antecedida por un momento de creación y destrucción—,  las aventura de los héroes gemelos Xbalanqué y Hunahpú, la creación del ser humano y las andanzas del pueblo k’iche’. (Colop, 2011)

Por su parte, el Chilam Balam de Chumayel relata la creación del mundo tras un gran diluvio, colocando un árbol sagrado en cada uno de los rumbos del universo que separó el cielo de la tierra, así como la formación de los hombres a partir de maíz amarillo. Otro evento que destaca por su bella descripción es el origen del tiempo, narrado como las andanzas de una deidad sobre la tierra. (Pérez; 2008)

Aunque para el Clásico no se han identificado claramente la existencia de una serie de eras previas a la creación del mundo, los registros jeroglíficos permiten saber cuándo inició la edad actual y algunos eventos anteriores a la misma. Esto significa que al menos existieron dos eras en la cosmovisión maya del Clásico. A grandes rasgos, “la cosmogonía maya habla de una secesión de ciclos o eras cósmicas, determinadas por los dioses creadores, según el orden de la temporalidad cíclica”. (Garza Camino, 2010, p. 41)

Como hemos visto a lo largo de este trabajo, el cosmos maya fue entendido a partir de la intervención de seres sobrenaturales que le daban forma, marcando, además, el antes y después en el transcurrir del tiempo. He decidido no indagar en torno a los mitos de creación del ser humano, tema fascinante y fundamental en la mitología maya, pues el objetivo principal de presente trabajo fue ilustrar al público, de manera general, sobre el origen y estructura del cosmos entre los mayas prehispánicos.

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Bibliografía

Colop, Sam [Trad.]. (2011). Popol Wuj. Guatemala: 2ª Edición, F&G Editores.

Garza Camino, Mercedes de la. (2010). “El universo temporal en el pensamiento maya”, en Arqueología mexicana, vol. XVII, no. 103 (mayo-junio.): 38-44.

Landa Calderón, Fray Diego de. (1997).  Relación de las cosas de Yucatán,” “XXXIV Del año yucateco. Caracteres de los días. Los cuatro bacabes y sus nombres. Los días aciagos” [ca. 1566]: disponible en http://www.famsi.org/reports/96072/landaedt1a.htm.

Pallán Gayol, Carlos. (2012). “Los calendarios mayas. Una introducción general”, en Arqueología Mexicana, vol. XIX, no. 118 (noviembre diciembre): 22-29.

Pérez, Coral [Ed.]. (2008). Los libros del Chilam Balam de Chumayel. Caracas: Fundación Editorial el perro y la rana.

Pérez Suárez, Tomás. (2007). “Dioses mayas”, en Arqueología mexicana, vol. XV, no. 88, (noviembre-diciembre): 59-65.

 Taube, Karl A., William A. Saturno, David Stuart, Heather Hurst. (2010). “Los murales de San Bartolo, El Petén, Guatemala, parte 2: El mural poniente”, en Ancient America, no. 10.

Velásquez García, Erik. (2010). “El cosmos y la religión mayas”, en De la antigua California al desierto de Atacama, coordinado por María Teresa Uriarte. México: Universidad Nacional Autónoma de México-Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial.

Ethan Arbil Buendía Sánchez es licenciado en Historia por parte de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Ha participado como ponente en la Universidad Autónoma Metropolitana, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, el Centro Comunitario Ecatepec-Casa Morelos y la Universidad Nacional Autónoma de México. Su tema principal de enfoque es cultura maya, principalmente la historia de la religión, cultura y política del periodo Clásico (250 d. C-900 d. C.)

 

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