Lo difícil que es ser un Marillero: la historia de José Manuel López Montaño

 

Redacción QUIXE

Fotografía: Alma Vázquez y Carlos Bustamante

En nuestra visita a Villa Sola de Vega, conocimos a José Manuel López Montaño, productor de la marca Mezcal Marillero. Su palenque se encuentra en Texcoco, Santa María Sola, en un espacio muy bello que rodea a sus ollas de destilación un paisaje de magueyes tobalá (Agave Cupreata Trel. & Berger). Esta es su historia:

VR: ¿Cuánto tiempo lleva con su marca?

JM: Seis años, en mayo cumplimos siete

VR: ¿De dónde sale el nombre de “Marillero”?

JM: De Santa María Sola, Villa Sola de Vega. Hubo una época en que había conflictos de terrenos entre San Juan y Santa María; conflictos heredados a los familiares. Yo soy la última generación Montaño; matan a mi abuelo, matan a mis tíos, matan a toda la familia.

VR: ¿Y por qué?

JM: Pues porque aquí si matas a uno, yo te mato a tres. Es decir, un tío mata a una supuesta “bruja”, y el hijo de tal señora decide acabar con todos los Montaño.

Entonces fuimos emigrando; mi primo se fue a Estados Unidos, yo me fui a Ciudad de México desde antes al igual que mi mamá. Solo regresábamos a las fiestas y todo eso. Cuando lo hacíamos, todavía seguía ese conflicto entre los de Santa María Sola y los de San Juan; y decían “¿cómo estuvo la fiesta de Sola?, ah, estuvo buena se chingaron un Marillero”.  Aquí si no había un muerto, no estaba buena la fiesta; incluso hasta en los jaripeos si no hay un lesionado, no estuvo bueno.

Y de allí viene “Marillero”. Entonces, el maestro quería que se llamara “Guelatove”, el gusanito que produce el maguey de acá. Pero la diseñadora vino, estuvimos por acá como dos días. Ya bajamos a Sola y ahí dijo “ah, vienen de Marilleros”, “ah, sí somos Marilleros” y de ahí a ella le encantó. Y, ¿sabes qué?, tiene más arraigo “Marillero”.

VR: Cuéntenos sobre las regiones que usted considere con buenos mezcales.

JM: En San Juan del Río he probados buenos mezcales. En Miahuatlán también; fíjate que la mixteca no tiene mucha tradición mezcalera, pero están haciendo buen mezcal como la marca “Manuelón”. Ellos hasta apenas este año entraron a la feria.

Te cuento que “Marillero” fue la primera marca solteca partícipe de una feria internacional de mezcal, tardando diecinueve años en lograrlo. Queríamos entrar y no podíamos.

VR: ¿Cómo se inició en el mundo del mezcal?

JM: Te cuento la historia, ¿has escuchado “Los mezcolatras”?  El “tío Corne” de Ejutla fue uno de los primeros en cuidar el mezcal, e hizo un grupo que se llama así. Yo me inicié con ellos, tienen un decálogo y todo eso, ahí lo tengo.

VR: ¿Y más o menos qué decía el decálogo?

JM: Pues que respetes el mezcal; o sea, que no es una bebida común. Ellos están en contra de la certificación. Bueno, yo también.

VR: ¿Por qué?

JM: Porque están en contra de la variación de la graduación alcohólica. También los únicos beneficiados con todo este “boom del mezcal” son los inversionistas. O sea, si no tienes lana, no puedes hacer nada. Yo todavía no vivo del mezcal, la verdad. Entonces el “tío Corne” hizo este grupo; yo me inicié en esa parte del mezcal con él. Me separé de ellos porque no puedes hacer muchas cosas.

VR: ¿“Marillero” exporta?

JM:  Mandamos a Estados Unidos en esa época y ya, estuvimos allá, nos premiaron en el centro de convenciones, y de ahí se muere el exportar… “Marillero” tiene el premio como al mejor “espadín” en el 2015, porque empezó a crecer muy rápido.

VR: Más o menos, ¿de cuántas botellas consta un lote?

JM: Para la comercialización, mínimo, debe ser de 2000 botellas.

VR: ¿Y usted cuántas tiene?

JM: Embotellamos “tepextate”, un lote de 500 litros, son 334 botellas de 750ml y 400 de 375ml.  O sea, son 33 caja. En producciones ancestrales, no puedes tener lotes más grandes.

VR: Ante ello, es necesario que ustedes como productores creen sus propios consumidores, quienes les buscarían por características propias de lo que ofrecen. En este caso, los lotes pequeños del proceso ancestral; ese es el valor agregado de la marca y está generando un público…

JM: De hecho, esa es la intención ahorita. Hemos estado modificando hasta la página de internet, pero eso implica más gasto; pagar diseñador, fotógrafo, administrador, todo para que el producto quede bien. También he gastado en mi mezcalería, de hecho, me dediqué a construir y por eso ahora, retomo con fuerza mi mezcal. Pero es una inversión; incluso, mi administradora me dice “usted lleva las de ganar, usted tiene la mezcalería, tiene esto, tiene lo otro, los demás están más perdidos…vi que otros tienen más años que usted, y no sé qué van a hacer… todos necesitan dinero”.

Sostener una marca no es fácil. Mi esposa y yo hemos invertido hasta nuestros ahorros en las propiedades que tenemos. Mi desesperación llegó al punto de yo querer vender la marca. Y luego, la seguía; si no llueve, el maguey se muere, ¿y qué vamos a vender si se murió todo el maguey? Un amigo productor me dice “es que se me está muriendo el maguey porque sembré muy tarde”. Y yo… sembré muy temprano y me fue igual.

Pero la realidad es que uno debe encontrar el punto de equilibrio para que el mercado no sea el que gane. Parte de una empresa buena es la administración. Yo no sabía cuánto mezcal entraba, cuántas botellas salían y hasta ahora veo cuánto mezcal regalo. Ya que dediqué tiempo a la remodelación de este espacio, continuaré con el posicionamiento de “Marillero”.

VR: Este terreno de su palenque es muy bello, ¿tiene una historia detrás?

JM: Sí, y eso se remonta a la masacre a mi familia. Matan a mi abuelo, su hermana corre a mi abuela, pero como había matanza se van todos, varios de mi familia. Mi abuela decía “en lugar de irme al ombligo del mundo, para México, me fui al culo del mundo”. Se fue a Minas, Oaxaca, a trabajar con un hacendado y hacían queso, su trabajo era eso. Cuando el hacendado se quiere casar, quiere obligar a mi abuela a que se case con él; mi abuela vuelve a huir y regresa para acá a Santa María Sola y se vuelve a casar. Entonces, la hermana de mi abuelo la corre, se va y mi tío, su nieto, se queda con esta propiedad.

VR: ¿Y a él le compró el Palenque?

JM: A ellos se los compré. ¿Y por qué? Porque mi tío el que está acá, quería el dinero para el agua; así, nosotros sabíamos que, si le dábamos el terreno a él, nos iba a quitar el agua. Fue todo un esfuerzo, y esto se estaba cayendo. La idea era recuperar las vigas y ahorita las que vamos a sacar es para recuperarlas porque las hizo mi abuelo y mi mamá está emocionada usarlas…

Sin duda, las historias de vida que se encuentran en cada productor mezcalero esconden una realidad poco ideal: vida de violencia, conflictos, problemas, obstáculos. Todo lo contrario, a la idealización que se ha narrado sobre el mezcal en nuestros días. Pese a ello, mezcaleros como José Manuel continúan, todos los días, paciente y perseverantemente, con este trabajo que les apasiona y les sustenta.

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