René Magritte: “mi propósito al pintar es hacer visible el pensamiento”

Rene Magritte, 1967
René Magritte, Lothar Wolleh, vía Wikipedia

Por Claudia Alatorre

Decía Magritte: “seré libre porque aún concuerdo con mi primera concepción del pintor como ser libre, mágico” (Paquet, 2000, pág. 11). Sin embargo, en el proceder artístico, esta libertad con frecuencia es relativa puesto que, desde siempre, el artista ha sido sometido a gustos y comandos ajenos a los suyos. Por ejemplo, al exhibirse la pintura La mujer sobre la hierba de Edouard Manet (Fig. 1), el hecho de mostrar una mujer desnuda

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Figura 1. El almuerzo sobre la hierba, Edouard Manet, 1863, vía Wikimedia Commons

en una tarde de campo generó tal sentimiento de repudio que hasta la quisieron quemar. El ángelus de Jean François Millet (Fig. 2) también fue todo un escándalo, porque el realismo con que representaban personas humildes, de manera sublime, rompió con el estándar de belleza de la época.

 

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Figura 2. El ángelus, Jean Francois Millet, 1857-59, vía Wikimedia Commons

En otra situación se encontraba el mundo de las letras ya que, en el siglo XVlll, el escritor Denis Diderot escribió un texto llamado Esto no es un cuento, donde relata una historia entre dos personas que debatían sobre asuntos amorosos. En los diálogos, se relaciona la vivencia con los recuerdos y se plantea la problemática entre la realidad y la ficción. La obra es un juego, en donde el título cumple la función de desorientar al lector al negar lo que es. El título ya no se puede tomar como afirmación o indicador del contenido de la obra. (Konersmann, 1996, pág.17). Para la pintura, juegos como este demoraron en aparecer, pues hasta inicios del siglo XX era evidente la relación entre el título de la obra y la representación de lo figurativo. Más adelante, esta referencia directa entre título y obra se fue haciendo flexible.

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Figura 3. Esto no es una pipa, René Magritte, vía Calmansi

Es así como volvemos a Magritte, quien intentó abordar esta temática en su obra Esto no es una pipa (Fig.3.), refiriéndose de manera ingeniosa al engaño visual de las artes pictóricas. El cuadro que pintó muestra una pipa con sus detalles esenciales y, debajo de ella, una leyenda que niega lo que claramente es representado como un pipa. Magritte retomaba con su cuadro un debate antiguo sobre la ilusión que causa la representación de las obras de arte, en especial la pintura, porque lo percibido no es más que un engaño o una apariencia.  La pregunta a la que debemos someter al cuadro, con base en su propia negación, es: ¿no es una pipa o sí lo es?

Intentaremos responder a la interrogante, pues “la pipa” no es más que la reproducción, la representación del objeto ausente, un dibujo que muestra la idea; una pipa que se manifiesta por medio de líneas y colores dando la apariencia de una pipa porque cumple con su forma, pero no se puede llamar pipa porque no cumple la función para la que fue creada, no se le puede introducir tabaco ni usarse para fumar.

El título de la obra Esto no es una pipa pudiera cambiar su leyenda para ser más explicativa en su intención, en caso de querer evitarse el juego de Magritte: “no busques en la pintura una verdadera pipa; ya que es una ilusión. Pero el diseño que está aquí en el cuadro firme y rigurosamente trazado, es el que hay que tener por verdad manifiesta”. Magritte juega con la palabra, juega con la imagen, hace evidente un problema filosófico y lo plantea en un mismo espacio.

El cuadro carece de articulación entre sus aspectos compositivos, generando una identidad particular a cada elemento: la imagen y la palabra. Pero, de esa forma afirma su identidad:

La célebre pipa… ¡Me han reprochado tanto! Y, sin embargo… ¿Puede usted llenar mi pipa? No, ¿Verdad? No es más que una representación. ¡Entonces, si hubiera escrito en mi cuadro “Esto es una pipa”, ¡habría mentido! (Torczyner,1978, pág.118)

La pipa es la manifestación del pensamiento del pintor, que reflexiona acerca de las artes visuales y su estrecha vinculación con las palabras. De este modo, crea un signo reconocible por la mente, aunque el objeto funcional no estuviese presente como tal. La obra del surrealista belga es una invitación al análisis de la imagen en general. Para él, el arte estaba ligado no solo a la sensibilidad sino también a la inteligencia, patentando su propia aseveración: “mi propósito al pintar es hacer visible el pensamiento”.

Bibliografía

Chartier, R. (1992). El mundo como representación: Estudios sobre historia cultural.  Barcelona: Gedisa, 1992.

Paquet, M. (2000). Magritte. Alemania: Taschen.

Torczyner, H. (1978). René Magritte. Signos e imágenes. Barcelona: Editorial BLUME.

Konersmann, R. (1996). René Magritte. La reproducción prohibida.  México: Siglo XXI.

Semblanza: Claudia Montserrat Alatorre Vera es historiadora por la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa (UAM-I) y especialista en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Actualmente estudia la maestría en Enseñanza de la Historia de México en curso en Universidad Abierta y a Distancia de México (UNADM), y es docente a nivel medio superior, así como colaboradora de Fundación Guendabi’chi’ A. C.

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