El sistema antirrobos de libros: Las marcas de fuego en la Biblioteca Burgoa

Ven y revela todos los secretos que encierran estas misteriosas marcas en los libros de la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa.

Diego Adair Hernández Correa

 

Continuando con la serie de artículos sobre la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa, hoy me acompañarás a conocer un tema muy poco conocido pero muy interesante acerca de estos libros. 

Como seguro ya te habrás dado cuenta, la Biblioteca Burgoa tiene una de las colecciones más antiguas y con más secretos del país. Y este que te voy a contar hoy es uno de las más misteriosos, así que sigue conmigo en la nave, y continúa descubriendo todos los misterios que encierran las aguas de este maravilloso recinto. 

Las marcas de fuego de Oaxaca

Los libros antiguos son piezas con un precio inimaginable. Es indudable su valor histórico y cultural. Sin embargo, con el paso del tiempo dejo de verse solo como un medio de información y conocimiento, sino como una obra de arte en sí misma. Así que el valor económico también fue agregado a estos objetos, pues el precio de fabricación era muy alto comparado al de otras cosas. 

Por este motivo en la Nueva España del siglo XVI se comenzó a utilizar una técnica muy peculiar para identificar la procedencia y el dueño de estos libros: Las marcas de fuego. 

Libros antiguos de la Biblioteca Burgoa, Oaxaca
Detalles de libro, Biblioteca Burgoa

¿Fuego y papel?

Como seguro ya lo habrás pensado, no es una buena idea combinar el fuego y el papel, ¿no? Esto también lo pensaron nuestros antepasados y el proceso no es tan literal como pudiéramos imaginar. La definición exacta de este proceso se puede definir como: “una señal carbonizada en uno o varios cantos de un libro, resultado de colocar un hierro al rojo vivo con la forma de una figura, letra, sigla, sello, nombre, escudo o insignia con el fin de identificar la procedencia del libro o al dueño de este.”

Entonces, básicamente es lo que hacías tú en la primaria cuando no querías que tus compañeritos de clase te robaran esos PrismaColor que tu mamá recién te había comprado. Solo que, en este caso, nuestros antepasados eran un poco más celosos y les hacían marcas que pudieran durar por toda la eternidad, además de penalizar el robo con otros castigos. 

Marcas de fuego, Biblioteca Burgoa

Tipos de marcas, robos y ¿excomunión?

Esta práctica fue principalmente hecha por los conventos y las instituciones religiosas. También se tienen registros de bibliotecas particulares, pero de estas no se tiene tanto catálogo como de las otras. Algunas son, por ejemplo, El convento de Santo Domingo, La compañía de Jesús de Oaxaca, El convento de San Agustín y El convento del Carmen. 

Todos estos conventos e instituciones religiosas tenían uno o más tipos de marcas dentro de su catálogo. Y todos sus libros eran debidamente marcados, pues así se podía tener un mejor control del inventario que les pertenecía. Puesto que no hubo tan buenos resultados con el letrero “No robar o serás excomulgado”, se vieron en la necesidad de tomar medidas un poco más drásticas, porque, aunque no lo creas, el robo de libros era una práctica tan concurrida que debía prevenirse a toda costa. 

Letrero «Hay Excomunion», Biblioteca Burgoa

 

Así fue como se buscó un sistema más seguro para los libros y se fabricaron herretes o fierros para marcarlos, semejantes a los que se utilizaban para el ganado y los esclavos. Las marcas de fuego se dividieron en epigráficas (palabras, abreviaturas, monogramas, anagramas, iniciales) y figurativas (animales, objetos, figuras humanas, escudos heráldicos, sellos).

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Las marcas de fuego de la Biblioteca Burgoa

Como ya lo sabemos, la mayoría de los libros que conforman la Biblioteca Francisco de Burgoa fueron traídos desde Europa para formar las bibliotecas de los conventos de las distintas órdenes religiosas. La Orden de Predicadores o Dominicos fue una de las que tuvo más presencia en Oaxaca y es por eso que hay una gran cantidad de libros con la marca de fuego de los dominicos.

 

Actualmente, la Biblioteca Burgoa cuenta con aproximadamente 30 marcas de fuego registradas de diferentes conventos, pero hoy hablaremos de una muy especial para nosotros los oaxaqueños: La del Convento de Santo Domingo. 

Seguro que algún paseo por la ciudad de Oaxaca la has visto, pues su marca de fuego es el símbolo por excelencia de la orden: La Cruz de Calatrava flordelisada. Y consiste en una cruz griega con los cuatro brazos iguales y flordelisada (con flores de lis en los extremos de los brazos).

Flor de liz en marca de fuego, Biblioteca Burgoa

Esta cruz, también conocida como stemma liliatum, cuenta con dos elementos característicos como se puede apreciar. La cruz aparece como emblema por excelencia del cristiano y, más, del religioso. En una forma u otra, acompaña a menudo a la figura de Santo Domingo y es de frecuente utilización en la Orden desde los primeros sellos dominicanos. Y el otro elemento es el flordelisado, de posibles reminiscencias marianas, ya que el lirio es, con la azucena, uno de los símbolos de la Virgen, de quien tan devota ha sido siempre la Orden de Predicadores.

Ven y encuéntranos

Como esta marca, existen muchísimas más escondidas en los miles de libros que tiene la Biblioteca. Y todas ellas al alcance de cualquier persona interesada en los misterios y tesoros. Lo único necesario es agendar tu consulta escribiendo un correo electrónico a la dirección coordburgoa@gmail.com especificando el día y la hora en la que te gustaría asistir. Solo recuerda que el horario de consulta es de Lunes a Viernes de 10 a 17 horas. 

Y si te quedaste con ganas de aprender más sobre estas marcas y los diferentes tipos que puedes encontrar, este sitio es para ti. Este Catálogo Colectivo tiene todo lo necesario para que conozcas más a profundidad este tema. Así que ya no tienes ninguna excusa para no visitar la Biblioteca Fray Francisco de Burgoa. ¡Ve a descubrirlos!

 

Ahora que conoces más sobre los dominicos las marcas de fuego en la Biblioteca Burgoa, seguro te interesará saber: Oaxaqueño somos y… ¿entre órdenes religiosas andamos?

Fotografías: Carlos Bustamante

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