Raúl Herrera: Performance, materia y energía en el tiempo

Raúl Herrera ha concebido su vida en ciclos de siete años; en cada periodo, termina una etapa. Esta noción de temporalidad la ha incorporado gracias a la práctica del Tai-Chi, arte marcial que ralentiza el tiempo lo más posible para captar la energía del movimiento “con el ritmo interno de la tierra”, dice él. Esto le ha permitido hacer cosas más abstractas, más dinámicas respecto a su dibujo.

Esta relación con el tiempo lo ha llevado a relacionarse con otros conceptos como la energía y esos cambios que se producen cuando ambas cosas se combinan.

Apasionado de los fenómenos físicos que involucran los misterios del universo, como la materia oscura, ha buscado otra forma de aprehender el mundo y desembocarlo en su arte.

La creación y técnicas de Herrera

Cree en el poder energético de los colores; esa energía que es capaz de transmitir, de cambiar el estado y la percepción de las personas. Él está consciente que el arte es la transmisión de sensaciones, conceptos, experiencias que pueden cambiar al otro, traspasar el tiempo y el espacio, a las generaciones, y  llegar a las personas de otra época, de otro lugar: La obra trasciende al creador.

Para Raúl, el arte es espacio-tiempo, el registro de un quehacer sobre un soporte material para decir algo, no solo la idea que le dio vida, sino las condiciones en las que surgió. 

Como ejercicio performático, hay trabajos que son producto de un gran esfuerzo físico y mental que conectan con el espectador, contagian la sensación de ese momento donde fueron creados. Por otra parte, hay obras que se parecen más a un ejercicio de meditación, clarifican la percepción, transmiten esa sensación de presente, de limpiar la mente y vaciar el ser.

Como un objeto que contiene esa información, de tan variada naturaleza, la obra es un misterio que es imposible de clarificar en su totalidad, aunque tampoco es el punto. La creación y recreación de exponerse al fenómeno del arte nos puede arrojar a lugares diferentes, dependiendo del tiempo en el que nos hayamos expuesto a la obra.

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El futuro y el presente del maestro

Para alguien que ha hecho del arte su vida, como Raúl Herrera, decir algo nuevo podría resultar difícil; el hecho de intentar un nuevo camino sin preguntarse por la pertinencia sino explorar desde él, abre la puerta hacia una nueva oportunidad. De ahí que, habiéndose dedicado a la pintura gran parte de su vida, haya decidido explorar la música; con ese conocimiento, compone piezas de piano para transmitir las sensaciones que le produce su encuentro con otras obras. 

En la última exposición de NNGalería, surgieron dos piezas: una, producto de su experiencia con una obra; la otra, como propuesta para que otra artista hiciera una pieza a partir de ella. Para él, este ejercicio es un nuevo camino de exploración, la posibilidad de ahondar en la experiencia creativa. 

Consciente de haber explorado la pintura en más de una forma, Raúl opta por refrescar su manera de crear; de esa manera, sale de su zona de confort y descubrir una nueva veta que le permita reencontrarse.

La imposibilidad es una cuestión de tiempo, espacio o dimensión. El arte es ese lugar, el fenómeno donde la imposibilidad es posible; la transformación de la energía en algo a través del tiempo. Raúl Herrera entiende que el arte es una ventana y la imaginación es el vehículo que nos permite cruzarla para ir hacia lo imposible.

Para más información: www.nngaleria.com/, en Ig: 

Para más información sobre el artista, en Ig: 

Raúl Herrera

Es uno de los artistas cuya generación rompe los paradigmas tradicionales de México a través de la investigación poética de la cotidianidad; abarca una vida de experiencias e investigación artística disidente, diversa y personal. El maestro Herrera, activo en el Tai-Chi, suma idiosincrasia a través de su filosofía; además, revitaliza sus ideas del espacio y el tiempo con la práctica de la meditación activa y la secuencia fluida de gestos; provocando la sinergia entre el flujo de energía cósmica [ying-yang] y la reflexión del cuerpo de la obra.
Fotografía de portada: Gesner Melchor

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