Carmen Pochotitla: la mujer y la política en la sociedad mexicana

Por Viridiana Rivera

Fotografía: Carlos Bustamante

En esta ocasión, contaremos un poco de la vida de María del Carmen Pochotitla, la primera presidenta mujer en el municipio de Tlayacapan, un poblado ubicado a dos horas de la Ciudad de México. Tlayacapan ha sido reconocido como un lugar de esparcimiento de fin de semana, y ha sido visitado por mexicanos y extranjeros de manera recurrente. Es uno de los Pueblos Mágicos de Morelos y, actualmente, es gobernado por una mujer.

VR: Morelos se perfila como uno de los estados con mayor violencia de género. Entonces, ¿cómo es ser una líder política en un contexto así?

CP: Con lo que estamos viviendo, en lo personal, no es fácil. Se requiere de mucho temple, mucho carácter. Esto no es reciente; tuve la oportunidad de estudiar en un internado de mujeres, en Cuernavaca, y siento que eso me ayudó a ser una mujer independiente, a fortalecerme en temas de la vida, a valerme por mí misma. Desde muy joven, de 16 años, ya asistía a las reuniones públicas; yo lo hacía del brazo de mi madre. Considero que ya tenía la habilidad de tomar la palabra y el micrófono, y eso me ha facilitado en la participación pública. La gente a veces no lo comprende, pero todo ello ha sido fruto de un trabajo de muchos años, no fue de la noche a la mañana. Incluso yo ya había contendido en el 2015, y tuve una derrota.CBR_0438

VR: Así que, ¿esta fue la segunda contienda, en la cual ganó?

CP: Sí. La gente que nos apoyó y que creyó en nosotros pudo darse cuenta que el triunfo lo obtuvimos, y lo ratificamos. Nos pidieron recuento de votos, y logramos reafirmarlo. Aun así, veo que hubo gente disconforme, pese a que ese momento ya haya pasado. Siento que, por el hecho de ser mujer, he recibido ataques. Sin embargo, si algo tengo como parte de mi carácter es que, entre más me “pican” –por decirlo de una manera-, más me transformo para mejor, para luchar; me dan fuerza, ese carácter, ese empuje para responder de una manera positiva y con trabajo. Me han difamado con palabras altisonantes, pero he demostrado que el trabajo es la mejor carta de presentación. Quienes somos creyentes de la religión, sabemos que Dios creó a la mujer con una capacidad pensante. Entonces, no se mide esa capacidad por el hecho de ser mujer, sino por las decisiones para gobernar. En este caso, pese a los recortes presupuestales que se han suscitado, hemos logrado más con menos de lo que antes contábamos. Hemos terminado con muchos vicios, se acostumbraba que los cargos políticos invertían en vehículos oficiales; hoy, ya no los tenemos, usamos los particulares. El abuso de poder ha disminuido, porque ante todo soy ciudadana. El dinero no debe despilfarrarse. Todo lo que he hecho ha sido también por el apoyo de mi esposo, porque él ha fungido hasta como mi secretario particular, mi asistente, sin que el pueblo pague por lo que hace. Eso hemos tenido que ahorrar. Como mujeres, no sé si eso también nos caracterice, el saber administrar.

VR: Sí, concuerdo, tenemos un buen sentido de ello.

CP: Esos son los retos, que estamos haciendo conciencia con recursos propios también. A veces no les gusta la manera en como yo enfrento situaciones. Trato de decir a la gente que además de gozar de derechos, tenemos obligaciones como ciudadanos, que entre más contribuyamos, mejor recurso recibimos para obra. Eso lo hacemos con diversos grupos quienes siempre conversamos, porque cuando no se comunica la información se tiende a especular. Quedamos muy acostumbrados al presupuesto que recibíamos, al Ramo 23, el apoyo de Pueblos Mágicos que, hoy, ya desapareció. Ramo 23 era la gestión que se podía hacer a través de diputados locales, federales y senadores. Eso debía desaparecer porque generaba corrupción. El de Pueblos Mágicos, un 70% de ese recurso se va al Tren Maya. Entonces, ¿con qué sobrevivimos?, con recursos propios y su buena administración del gasto corriente. Muchos municipios se llevan el 60% en gastos de nómina; nosotros estamos muy sanos en ese sentido, estamos por debajo del 50%. Todos entramos con sueldos medios para sacar adelante el municipio. Cuando llegué al gobierno, vi a Tlayacapan abandonado en parque vehicular, en tratamiento de basura –más de 4, 500 toneladas-, el sufrir el sismo del 17s que nos dejó sin el edificio de la presidencia municipal.

VR: ¿Cuál ha sido el principal reto de restaurar el Patrimonio Histórico afectado por el terremoto?

CP: Afortunadamente ya tenía un seguimiento por parte de Monumentos Arquitectónicos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Nuestra alcaldía es una de las más antiguas de todo el país. El INAH tenía muy claro que este monumento tenía que ser levantado. Se está llevando mucho tiempo porque el manejo de los materiales se tiene que cuidar a la forma del pasado. Entonces, no son construcciones normales, y estamos muy atentos con la gente del INAH. Nuestra alcaldía también contaba con un seguro, así que esos pesitos se han estado terminando y debemos estar atentos para meternos al programa del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN). Tenemos mucho apoyo del INAH, por fortuna. Quisiéramos que el edificio de la presidencia municipal ya estuviera restaurado al 100%. Y ya no quedará funcional en su totalidad porque el INAH nos dijo que funcionará como recinto de cabildos, así que ya no será un espacio de oficinas y cargado de archiveros. Si algo hizo que se colapsara, fue emplearlo de esa manera porque los cimientos son menos resistentes frente a lo que cargaba.

VR: ¿Qué sucede cuando se gobierna un lugar que no pertenece al centro, qué es más bien una periferia? Porque, pese a que esté en el centro del país, es un poblado con características que no obedecen a la centralización.

CP: No es tan fácil. Si pensamos en que Morelos es un estado conformado por 36 municipios, sabemos que todos tienen las mismas necesidades y que no necesitamos que vengan y nos toquen la puerta. Es como cuando un padre tiene varios hijos y debe distribuir su recurso de manera equitativa y ver qué le toca a cada quién. Si siento que el hecho de no ser ciudad nos condiciona a estar más abandonados. No nos toca un recurso equitativo. Algo que aplico es, justo, el trato equitativo.

VR: A raíz de lo del sismo, ¿qué tan afectado se vio el turismo en Tlayacapan?

CP: Fue un gran descenso por todo el derrumbe que vivimos. Sufrimos mucho. Y digo “sufrimos”, porque ver a nuestra iglesia principal colapsada, las capillas; a la gente mayor le daba tristeza, sobre todo cuando hacía el recorrido, no querían enfrentarse a verlo. Apenas nos estamos levantando, no al 100% porque la gente quiere entrar a ver el Museo de Momias que se encontraba en la iglesia principal, así como mirar el edificio mismo. Eso, ahora, no es posible. Las capillas tuvieron mucha atención, pero tenemos todavía monumentos en restauración que atraían el turismo. Aunque tampoco nos ha dejado el turismo, pese a que no llega como antes; no obstante, Tlayacapan va siendo más conocido cada vez a nivel república. Va complementándose. A lo mejor a mí ya no me toca ver la presidencia terminada, pero debemos seguir adelante.

VR: Me gustaría saber sobre tu formación, sobre tus inicios, los cuales ya los comentabas anteriormente. Tengo entendido que estudiaste Química. Cuéntanos cómo pasaste de esa ciencia a la política.

CP: Desde la secundaria me gustaba la Química. Terminé el internado, luego entré a la Preparatoria No. 3 de Cuautla, no pude entrar a la Facultad de Química de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), pero ingresé al Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud (CICS-UST-IPN).  No era lo que yo quería, así que lo intenté de nuevo en la UAEM y quedé, terminé la carrera de Química, inicié trabajando en laboratorios del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), y me gustaba mucho. Mi esposo es docente en nivel medio superior, y me invitó a colaborar ahí. Así que tuve la oportunidad de tener ambos trabajos. Se me dificultaba mucho, así que tuve que renunciar a alguno de los dos. También comencé a tomarle mucho cariño a la docencia, y se complementó mucho esa carrera con lo que hago ahora, porque también los maestros luchamos por los derechos, e influimos a la ciudadanía porque nos damos cuenta de cómo viven y sus carencias. Eso me hizo tener mucho amor a la docencia, esa parte humanista. A lo mejor no fui la mejor maestra, pero siempre que traté de exigir y dar conocimiento de mis alumnos, quienes aún sienten cariño por mí. No tuve la oportunidad de tener hijos, pero en la docencia me sentía completa y compartir mucho con tantos alumnos. Toda esa parte humanista y convivencia social de la docencia me llevó a la política, en 2015. En el plantel educativo ya teníamos exigencias políticas y, junto con un problema familiar, me sentía tan cansada que me vi en la necesidad de entrar a contender. Yo valoro la dignidad, así que por ello participé en la política. Me sentía cansada, pero ello me hizo pensar en la obligación que tenía con el pueblo. Quienes tenemos estos cargos en la sociedad debemos ofrecer un trabajo de servicio, y cambiar lo necesario. Debemos entender que todo lo del gobierno no es de nosotros, es del pueblo.

VR: ¿Quisieras agregar un mensaje?

CP: Decir que me siento orgullosa de haber perseverado; que hay gente, incluida yo, que tenemos el espíritu de hacer cosas de manera diferente. Antes de mí, hubo muchas mujeres que también lucharon en el ámbito político, que también lucharon para que se les tomara en cuenta y que se les reconocieran sus derechos. Hoy a mí me queda dejar un ejemplo. Espero que, después de mí, participen más mujeres en cargos públicos porque, si de algo estoy convencida, es de que las mujeres podemos convertir todo lo que nos pongan en la mesa en acciones que dejen huella. No desconfío del hombre, porque el equilibrio es importante y lo es también caminar a la par de él. Pero yo creo que las mujeres podemos actuar con mucha responsabilidad; qué más ejemplo que el trabajo de hogar. Ahora, nos toca empezar a ser responsables en el ámbito público.

Agradecemos al Ingeniero Erick Gómez por solicitar a revista QUIXE un espacio editorial en donde capturáramos la historia de la primera presidenta de Tlayacapan.

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