“Blanca Navidad” de Black Mirror…o las galletas de la conciencia

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Por Amalinalli Armendariz

Collage: Rubén Lombida

En la serie distópica británica Black Mirror -creada por Charlton “Charlie” Brooker, perteneciente a la plataforma Netflix– encontramos diferentes capítulos que nos muestran un futuro donde la tecnología ha avanzado, a un punto tal, que el humano se encuentra frente a diversas problemáticas éticas, psicológicas y sociales. Y, a decir verdad, no aparentan estar muy distantes de nuestra cotidianidad actual.

Por ahora, pondremos nuestro foco de atención en el capítulo “Blanca Navidad”, de la segunda temporada, para llegar a algunas preguntas y reflexiones. Considero oportuno recomendar al lector ver el capítulo, pues de este modo el análisis que propongo será más interesante y no perderá ningún detalle que pudiese omitir en mi resumen.

La historia comienza cuando “Joe” despierta en un 25 de diciembre en una cabaña, con un compañero de trabajo llamado “Matthieu”, al que casi no conoce a pesar de convivir juntos desde hace cinco años. Según la historia, a ese empleo aspiran solamente personas a las que, en el pasado, algo les salió mal y buscan alejarse de ello. Al ser la especial fecha navideña, con ánimo de celebración e interés en conversar, Matthieu comienza a preguntar al retraído Joe por su pasado, sin mucho éxito, de manera que él mismo le relata cómo llegó ahí. Grosso modo, él tenía un pasatiempo ilegal como “asesor de citas”, durante el cual presenció un homicidio y, al no denunciarlo ante la policía, fue acusado de complicidad, dando como resultado el aislamiento y la pérdida de su familia, así como de su libertad.

Cuando Matthieu termina su relato, mira que aún no gana totalmente la confianza de Joe, así que decide contarle cuál era su trabajo real. Trabajaba para una empresa llamada “Smartelligence”, dedicada a hacer copias de cerebros humanos en dispositivos llamados cookies (galletas), una especie de chips. Según las palabras del personaje, estas copias son códigos de cerebros simulados, instalados en las cookies. El procedimiento duraba una semana, y constaba en implantar una cookie nueva, en blanco, en el cerebro del cliente y registrar el modo en que su mente funcionaba. Todo esto con el propósito de que sea esta cookie quien se encargue de las tareas del hogar, de la comida, de despertar y organizar la agenda del cliente, entre otras cosas, tal como si él mismo las hiciera, para garantizar su realización. Después de conocer esta historia, Matthieu gana la confianza y empatía de Joe, de manera que éste le confiesa su pasado oscuro. En este punto, la trama descubre al personaje de Matthieu como un colaborador de la policía para obtener esa confesión y, a su vez, que realmente era una cookie de Joe quien -o lo que- rindió esa declaración.

Ahora bien, regresemos a las “copias” de cerebros humanos. Independientemente del medio tecnológico se realizasen tales copias, la primera pregunta que llegó a mi mente al mirar la serie fue: ¿qué hay realmente en la cookie? Es decir, nos dicen que se replica el funcionamiento del cerebro y que se crea el código que permite sus funciones fuera de él…pero, ¿la cookie solo copia el funcionamiento neuronal?

Si la respuesta es afirmativa, nuestra identidad, el amor, la libertad, la autoconciencia, la creatividad, la toma de decisiones, entre otras experiencias propiamente humanas,

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Ignacio Icke, Brain in a Vat, vía Wikimedia Commons

quedarían reducidos a operaciones cerebrales traducibles a códigos de fácil acceso para la tecnología. Entonces ¿qué es aquello que nos distingue como “humanos”?

Contestar afirmativamente a estas cuestiones me lleva a pensar en el problema filosófico de los “cerebros en cubetas”. ¡Qué es eso! Una rápida explicación: se afirma que, de ningún modo, sabríamos que no somos cerebros flotando en un líquido contenido en cubetas en un laboratorio, conectados a una computadora que estimula tales cerebros de tal forma que algún científico considere más oportuno para sus propósitos; en caso de serlo, tampoco lo podríamos saber, ya que las experiencias serían idénticas a las “reales” y no tendríamos forma de compararlas.

Ante ello, la neurociencia afirma que:

“El sistema nervioso nos convierte en lo que somos. La personalidad, los puntos de vista, la inteligencia, la coordinación (o la falta de cualquiera de estos rasgos), así como otras muchas características que hacen a cada persona única, se deben a complejas interacciones que tienen lugar en el sistema nervioso” (Haines, 2003).

Con esto, me atrevo a afirmar que la ciencia diría que , que una copia del funcionamiento cerebral sería suficiente para obtener la personalidad de alguien.

Pero… ¿Y si las cookies ya existen, y somos nosotros dedicándonos a estudiar, trabajar, etc., para que nuestro propio y verdadero “yo” disfrute de su vida despreocupadamente?

Ahora bien, regresemos al capítulo. Vemos que es posible crear un cuerpo para las cookies que, naturalmente, son solo códigos, así como darle un “centro de mando”; se puede alterar su perspectiva del tiempo, haciéndole creer que ha pasado más tiempo del real. En pocas palabras, se puede manipular su sentido de la realidad.

Pero no solo eso; sino que también se puede acceder a tal copia de la mente de equis sujeto, irrumpir en su privacidad, manipular sus sentimientos y emociones, coaccionándolos para lograr el efecto deseado. Todo, sin ninguna responsabilidad moral o ética pues, a quien se le aplican todos estos métodos no son personas reales con derechos ni consideración alguna, son solo copias, códigos, por lo que no importa manipularlos. Usted, lector, ¿se imagina toda la información que se puede extraer en contra de la voluntad de las personas, quienes no necesariamente tienen algo que ocultar, sino por irrespeto a la privacidad?

Al final del capítulo, los policías aplican una severa sanción a la copia de Joe pero… ¿para qué? Esa copia sufriría igual que un individuo real, pero no lo es, de manera que este castigo puede interpretarse innecesario y hasta sádico.

Con toda esta reflexión, pienso que las personas suelen cambiar de gustos, preferencias o emociones hacia algo, dependiendo de las experiencias que tengan en su cotidianidad; es decir, las personalidades cambian conforme pasa el tiempo. Entonces, ¿qué sucederá con

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Marcin n, Brain in a vat II, vía Wikimedia Commons

esa cookie que fue la copia neuronal de un momento determinado en la vida de alguien? Dejaría de ser útil, por lo que tendría que repetirse el proceso de copiado con determinada periodicidad. “Smartelligence” tendría clientes renovando su cookie con frecuencia, para garantizar su “actualización”, tal como las que recibimos en nuestras computadoras y celulares, pues finalmente serían códigos sujetos a reprogramación.

Esta clase de distopías, concebidas y mostradas en cada capítulo de Black Mirror, perturbadoras, nos llenan de preguntas e inquietudes. No obstante, encontramos un poco de consuelo en pensar que la tecnología aún no avanza hasta tal punto que presenta la serie. Sin embargo, querido lector, ¿conoce usted el reciente avance de la empresa Neuralink de Elon Musk? El pasado 16 de julio, en una conferencia en San Francisco, se dieron a conocer avances en su proyecto de investigación consistente en crear conexiones neuronales entre el cerebro y un ordenador, tras la implantación de hilos en la médula espinal y un chip en el cráneo, el cual recibiría la información de los sensores vía bluetooth.

Noticias como estas nos despiertan una alerta ante la posibilidad de que los acontecimientos tecnológicos presentes en esta “Blanca Navidad”, y en todos los capítulos de la serie, así como el cúmulo de situaciones y dilemas éticos, filosóficos y sociales que avizoran, después de todo no están tan lejanos.

Bibliografía

Europa Press (2019, 17 de agosto). Elon Musk da más detalles de Neuralink: así es el robot que coserá sensores al cerebro [en línea] El Economista. Recuperado el 03 de septiembre de 2019 de

Haines, D. (2003). Principios de neurociencia (Diorki Servicios Integrales de Edición, trad.). Barcelona: Elsevier. (Obraa original publicada en 2002).

https://www.eleconomista.es/tecnologia/noticias/9998555/07/19/Neuralink-de-Elon-Musk-tiene-un-robot-que-coseria-hilos-con-docenas-de-sensores-integrados-en-el-cerebro-humano.html

Molins, A. (2019, 18 de julio). Elon Musk presenta un robot capaz de insertar chips en el cerebro humano. La vanguardia. Recuperado el 03 de septiembre de 2019 de https://www.lavanguardia.com/tecnologia/actualidad/20190717/463560873445/elon-musk-presenta-un-robot-capaz-de-insertar-chips-en-el-cerebro-humano.html

Redacción Digital El Heraldo de México (2019, 17 de julio). Elon Musk planea insertar chips cerebrales a humanos. Heraldo de México. Recuperado el 03 de septiembre de 2019 de https://heraldodemexico.com.mx/tecnologia/elon-musk-planea-insertar-chips-cerebrales-humanos/

Semblanza: Amalinalli Armendariz Jaramillo es egresada de la licenciatura de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Sus líneas de investigación se relacionan con la filosofía de la mente, filosofía del cuerpo, filosofía japonesa, el budismo, la meditación y otros aspectos relacionados al pensamiento oriental. Actualmente forma parte del grupo de Redacción Digital QUIXE.

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