LAS REGIONES DE OAXACA Y SUS PARTICULARIDADES

Scarlet Rubí

 

Si has ido a las festividades de los Lunes del Cerro, en Oaxaca, sabrás que en esta magna celebración se representa la diversidad que existe entre las ocho regiones de Oaxaca. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de las «regiones»?, ¿cómo diferenciar unas de otras?, ¿cómo se refleja esto en la Guelaguetza? 

Te invitamos, querido lector, a que nos acompañes a descubrirlo…

Oaxaca, capital de la diversidad

Amén de su extensión y la variedad de sus elementos naturales, el estado de Oaxaca ha sido objeto de diferentes intentos de ordenamiento cultural y territorial; en la actualidad, se conforma por 30 distritos que, a su vez, se dividen en municipios, los cuales alcanzan la cifra de 570, y que son cuna de 16 grupos étnicos.

Esta clasificación la realizaron en 1932, cuando las autoridades establecieron siete regiones: la Cañada, la Costa, el Istmo, la Mixteca, del Papaloapan o Tuxtepec, la Sierra y Valles Centrales. Posteriormente, en 1970 la Sierra se subdividió en Norte y Sur, con lo cual se conformó la distribución actual1.

Esta división responde a diferentes criterios políticos, económicos, culturales, etnográficos y principalmente geográficos, ya que las características físicas de cada región influyen en la vida de sus habitantes moldeando y distinguiendo tanto sus actividades como su temperamento.

Tierra del sol, de mar y nubes 

Un ejemplo de lo anterior sería el clima, el cual varía de una región a otra. En los Valles Centrales el clima es templado y en la Cañada, cálido; en cambio, en algunas partes de la Sierra y la Mixteca, el frío puede llegar a ser poco amigable. Por otro lado, en Tuxtepec, los días son calurosos en extremo, con las temperaturas más altas del estado y con lluvias que no cesan durante todo el año. Por su parte, la Costa y el Istmo se caracterizan por su ambiente húmedo y acalorado.

Sin duda, este factor repercute en la personalidad de sus habitantes; tal es el caso de las zonas altas, donde la gente es más seria, serena y reservada, acostumbrada al uso de suéteres, faldas largas y zarapes; en contraste, en la Costa, los oaxaqueños son risueños, bromistas, de personalidad atrevida y, vestidos de ropa ligera, conviven con el calor y la cercanía del mar. 

No obstante, aunque el entorno incide en la forma de vestir, esto también depende de la población. Hay regiones donde los grupos indígenas tienen un mayor peso, como en la Mixteca o en la Sierra, donde es más común la presencia de huipiles y trajes de manta; en cambio, en Tuxtepec o los Valles Centrales, donde hay más ciudades y grupos mestizos, se aprecia más la conjunción de lo típico con lo contemporáneo. Esto lo podrás observar en los diversos convites o bailes folclóricos que, desde el primer día de julio, las delegaciones realizan en las calles de la ciudad.


Nutrimentos del alma y del cuerpo

Otro factor son las actividades productivas de sus habitantes, ya que cada región cuenta con distintos recursos. En los Valles Centrales, por ejemplo, destacan las cobijas, servilletas, ceñidores y blusas hechas de diferentes telas y con bordados sin par. Del mismo modo, la cerámica de Atzompa, con sus tonos verdes particulares, o el barro negro de Coyotepec también son los consentidos de esta región del centro. Sin embargo, la Mixteca no se queda atrás con sus vasijas y platos, o bien, con sus petates, sombreros y tenates de palma.

Por otra parte, las maderas ocupan un lugar primordial en la economía de la Sierra, al igual que la pesca en las del Istmo y Costa; mientras que la región del Papaloapan sobresale por su cosecha de piñas, las cuales se erigen como las protagonistas frutales más queridas de la Guelaguetza

Y, por supuesto, al ser la festividad más grande del estado de Oaxaca, cuyo principal motivo es la ofrenda a la diosa del maíz Centéotl, cada región y grupos étnicos exponen lo más valioso y representativo, de ahí que sea un evento imperdible si eres un amante de la cultura oaxaqueña.

No somos copleros, pero cantamos

Por último, esta variedad también se manifiesta en sus expresiones musicales, de tal manera que existen canciones, sones y jarabes propios de cada región.

Algunos de ellos son mundialmente famosos, pero, si por alguna razón te los has perdido, aquí van algunas piezas que se escuchan sin falta en las celebraciones de los Lunes del Cerro: los sones istmeños la Sandunga o la Martiniana; la chilena Pinotepa Nacional, joya musical costeña; el Himno serrano; el Jarabe ejuteco y Llévame oaxaqueña, de los Valles Centrales; sin olvidar la nostálgica Canción mixteca.

Por lo que te habrás dado cuenta, en conjunto, es toda esta diversidad la que se celebra en la Guelaguetza, un convite donde cada región muestra y obsequia con cariño sincero su música, sus danzas, su vestimenta, y los productos de su diario sustento. Por lo pronto, nos prepararemos para la llegada de esta magnífica celebración cuya esencia es una inigualable guelaguetza: el corazón de todo Oaxaca y sus regiones.

 

1 María de Jesús Ordóñez. “El territorio de Oaxaca: una revisión histórica”. En Investigaciones geográficas, núm. 42, agosto 2000, Ciudad de México. Disponible en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-46112000000200006 

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