La «invención de la tradición» de la iconografía navideña

Redacción QUIXE

Hablar de la «Navidad» significa, inmediatamente, pensar en un pino adornado con esferas de colores, luces, y una estrella que remata en la punta superior. También podemos recordar al señor gordito de vestimenta roja que nos trae regalos, o en toda la comida que engulliremos «en familia» mientras celebramos el nacimiento de Jesús de Nazaret, fechado en la noche del 24 y 25 de diciembre.

Si nos ponemos a pensar en cada uno de estos elementos, resulta un poco extraño. Los orígenes de todos esos atributos iconográficos son distintos entre sí y sus contextos no corresponden a un mismo contexto.

Por ejemplo, el árbol. ¿De dónde viene la costumbre de ponerlo en casa y adornarlo? Sus orígenes se remontan a la cultura y mitología nórdica, cuyos miembros celebraban el nacimiento del dios Frey adornando un árbol perenne en las fechas cercanas al solsticio de invierno. A este árbol, que podía ser un fresno perenne o un pino, le llamaban Yggdrasil y era una especie de axis mundi que atravesaba el supra e inframundo de su mitología. Posteriormente, durante la evangelización cristiana de estos pueblos, el obispo inglés San Bonifacio viajó a Alemania con dicho propósito y se encontró con que la población local continuaba este ritual en las fechas que debían festejar el nacimiento del niño Jesús. Pese a su rechazo inicial, San Bonifacio terminó aceptando el culto al árbol, diciendo incluso que significaba una manifestación simbólica de dios y procediendo a adornarle con manzanas y velas. Hoy en día, este árbol se instala en hogares de quienes ni son nórdicos, ni viven en lugares donde dicho pino crece endémicamente.

No es pertinente aquí desglosar toda una historia de la representación de Santa Claus ni de sus renos, ni de su trineo en el cual viaja por el mundo desde el polo norte para repartir regalos, pero también es importante conocer el origen de este mito. En realidad, se trata de San Nicolás, obispo de Myra, quien residió en la actual Turquía y es el santo patrono de los niños, navegantes y cautivos. San Nikolaus -del cual surge el nombre Claus- fue un hombre conocido por su generosidad; detrás de su hagiografía, se esconden tantas anécdotas en las que este obispo obsequiaba a quienes lo necesitaban, pero lo más conocido es lo siguiente citado por National Geographic:

“Enterado de esto, Nicolás les entregó a cada una de ellas una bolsa llena de monedas de oro. Se cuenta que todo esto lo realizó en secreto este obispo. Esto es porque entraba por una ventana y colocaba las bolsas de oro dentro de los calcetines de las jóvenes, que colgaban sobre la chimenea para secarlos. Al final, las muchachas se pudieron casar”.

Esta anécdota, hoy, se convierte en una fantasía inculcada a los niños en las vísperas navideñas, así como en un performance de los centros comerciales y en guiones de un sinnúmero de películas.

 

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El atuendo rojo deviene de las prendas obispales, las cuales predominan en blanco y rojo. Sv. Mikuláš (San Nicolás), Jaroslav Čermák, s/f, Galerie Art Praha

 

Toda esta mezcolanza es posible por la adaptabilidad culto-religiosa de la cristiandad, pero también porque el ser humano necesita alimentar y resignificar sus tradiciones y costumbres. La Navidad y su iconografía actual es, sin duda, una «tradición inventada» que, en palabras de Eric Hobsbawm:

[…] implica un grupo de prácticas, normalmente gobernadas por reglas aceptadas abierta o tácitamente y de naturaleza simbólica o ritual, que buscan inculcar determinados valores o normas de comportamiento por medio de su repetición, lo cual implica automáticamente continuidad con el pasado. De hecho, cuando es posible, normalmente intentan conectarse con un pasado histórico que les sea adecuado(E. Hobsbawm, 2012, pág 8.)

El lector debe intuir y suponer cuáles son los valores que se inculcan en la Navidad por medio de la repetición. Sin embargo, resulta mucho más interesante cuestionarnos el porqué de todos los adornos que ponemos en nuestras casas, pues relatan historias de pueblos lejanos y muy ajenos a nuestra cultura de hoy y que, pese a ello, están presentes  cada año por medio del símbolo.

Bibliografía

Hobsbawm, E./Ranger, T. (2012). La invención de la tradición. Barcelona: Crítica.

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