La máxima obra de arte de Francisco Toledo

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por Viridiana Rivera

Fotografía: Carlos Bustamante

Un centro artístico es definido no solo por la cantidad de museos o galerías que tenga, sino por los artistas, curadores, críticos de arte e iniciativas institucionales para el impulso creativo. La cantidad y calidad de las ediciones de catálogos y trabajos de investigación históricas y estéticas refuerzan ese estatus.

 

 

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En los últimos años, Oaxaca de Juárez, la capital del estado de Oaxaca, se ha convertido en un centro importante para las actividades creativas; un fenómeno que llama la atención al momento de recorrer sus calles. Sin duda, es un centro que hace frente a toda la producción artística de la Ciudad de México.

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Francisco Toledo, Arturo Espinosa, grafito sobre papel, vía Flickr

Francisco Toledo, el artista juchiteco cuya muerte se anunció en la noche del 5 de septiembre de 2019, impulsó a su estado natal hacia la vanguardia del arte plástico. Fundó el Centro de las Artes de San Agustín Etla, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) y ha apoyado a toda una generación de artistas locales en el tan competido y feroz mundo del arte; un mundo en el cual, sino se crea un buen discurso barroco o no gustas a un mecenas, simplemente eres una sombra ante la luz de aquellos que, por medio de sus influencias, pueden destellar como estrellas de museo.

 

 

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Toledo, desaliñado, con rostro serio, sin afán de obedecer al gusto de nadie, surgió de la Generación de la Ruptura, término que acuñó Teresa del Conde para nombrar al conjunto de artistas que se emanciparon de la Escuela Mexicana de Pintura. Alumno de Rufino Tamayo, Toledo deambuló desde el arte moderno al contemporáneo. Nunca buscó la postura farandulera del artista promedio, ni ostentar sus premios, ni ser un servil de la sociedad que consumía su arte. Toledo siempre fue Toledo, gustase a quien le gustase.

Astuta y perspicazmente, este artista activó la autonomía de Oaxaca en la producción y comercialización de obras de sus pintores. Oaxaca, en este plano, ya no depende del gran centro artístico de la Ciudad de México. No más, y la descentralización es considerada por nuestra mesa de redacción como la máxima obra de arte de Toledo.

Su legado debe continuar con dicha autonomía, con sus propuestas plásticas. Debe continuar siendo el centro artístico que abra sus puertas a las generaciones de pintores que, desafortunadamente, han carecido de apoyo en la capital que se ha interesado más por el arte contemporáneo.

 

 

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Oaxaca es ese centro que, ahora, cuenta con una sede del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Oaxaca, siempre subversiva e independiente, debe mantener sus esfuerzos por seguir siendo la gran obra de arte del Maestro Toledo.

En nombre de todo el equipo de Fundación Guendabi'chi' A. C., deseamos a nuestro querido y admirado Toledo un excelente viaje. Prometemos sumarnos a la reivindicación de Oaxaca como centro cultural y artístico de México.

Agradecemos al artista Gabriel Mendoza por brindarnos su punto de vista sobre la situación del arte en Oaxaca, de igual forma a  Polo Vallejo de  «La Máquina Taller» y a Manuel F. Bernal de «Galería Tenek» por permitirnos tomar fotografías en sus respectivos talleres.

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