El giro artístico en Oaxaca: la máxima obra de arte de Francisco Toledo

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Por Viridiana Rivera

Fotografía: Carlos Bustamante

Un centro artístico es definido no solo por la cantidad de museos o galerías que tenga, sino por los artistas, curadores, críticos de arte e iniciativas académicas e institucionales para el impulso artístico que en este existan. Incluso, la cantidad y calidad de las ediciones de catálogos y trabajos de investigación histórico-estética le otorgan ese estatus.

 

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En los últimos años, Oaxaca de Juárez, la capital del estado de Oaxaca, se ha convertido en un centro importante para las actividades artísticas; un fenómeno que llama la atención al momento de recorrer sus calles. Sin duda, es un centro que hace frente a toda la producción artística de la CDMX.

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Francisco Toledo, Arturo Espinosa, grafito sobre papel, vía Flickr

Francisco Toledo, el artista juchiteco cuya muerte se anunció en la noche del presente 5 de septiembre, impulsó a su estado hacia la vanguardia del arte plástico. Fundó el Centro de las Artes de San Agustín Etla, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) y ha apoyado a toda una generación de artistas locales para insertarlos en el tan competido y feroz mundo del arte; un mundo en el cual, sino tienes un buen discurso mareador, o no gustas a un mecenas, simplemente eres una sombra ante la luz de aquellos que, por medio de sus influencias, pueden destellar como estrellas de museo.

 

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Toledo, desaliñado, con rostro serio, sin afán de obedecer al gusto de nadie, surgió de la Generación de la Ruptura, el término que acuñó Teresa del Conde para nombrar al conjunto de artistas que se emanciparon de la Escuela Mexicana de Pintura. Alumno de Rufino Tamayo, de quien se origina esta generación, Toledo deambuló desde el arte moderno hasta el contemporáneo. Nunca buscó la postura farandulera del artista promedio, ni ostentar sus premios, ni ser un servil de la sociedad que consumía su arte. Toledo siempre fue Toledo, gustase a quien le gustase.

Astuta y perspicazmente, este artista activó la autonomía de Oaxaca para la producción y comercialización de las obras de sus pintores. Oaxaca, en este plano, ya no dependería del gran centro artístico de la CDMX. No más, y la descentralización es considerada por nuestra mesa de redacción como la máxima obra de arte.

Su legado debe continuar con dicha autonomía, con sus propuestas plásticas. Debe continuar siendo el centro artístico que abra sus puertas a las generaciones de pintores que, desafortunadamente, han carecido de apoyo en la Ciudad de México, la cual se ha interesado más por el arte contemporáneo.

 

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Oaxaca, ese centro que, ahora, cuenta con una sede del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM. Oaxaca, siempre subversiva e independiente, debe mantener sus esfuerzos por seguir siendo la gran obra de arte del Maestro Toledo.

En nombre de todo el equipo de Fundación Guendabi'chi' A. C., deseamos a nuestro querido y admirado Toledo un excelente viaje. Prometemos sumarnos a la reivindicación de Oaxaca como centro cultural y artístico de México.

Agradecemos al artista Gabriel Mendoza por brindarnos su punto de vista sobre la situación del arte en Oaxaca, de igual forma a  Polo Vallejo de  «La Máquina Taller» y a Manuel F. Bernal de «Galeria Tenek» por permitirnos tomar fotografías en sus respectivos talleres.

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